MODELO DE LA EXPECTATIVA – VALOR 

" El valor que le damos a nuestras metas y las expectativas que tenemos condicionan nuestras motivaciones. "

La teoría expectativa-valor fue creada por John William Atkinson quien postula que la teoría expectativa-valor se basa en elementos cognitivos y es, por tanto, una teoría de corriente cognitivista. 

La teoría de la expectativa-valor (1957,1964) propone que la consecución de una meta es el resultado de la multiplicación entre tres componentes: el motivo (o necesidad de logro), la probabilidad de éxito (expectativas) y el valor de incentivo de la tarea. 

Así, esta teoría estudia tres constructos: expectativas, valor y motivos. 
 
Motivos: son disposiciones o rasgos del sujeto relativamente estables que impulsan a esforzarse por resolver con éxito una tarea y sentirse orgulloso por ello, o por evitar el fracaso. Con respecto al origen de los motivos, Atkinson se muestra totalmente de acuerdo con McCelland (1954) al reconocer que, aunque estos pueden ser latentes, todos son aprendidos. Así, la tendencia de las personas hacia uno u otro motivo determinará cómo esta se implica en tareas de logro. 

Expectativas: son la percepción de probabilidad que tiene una persona sobre la consecución de una meta. (Básicamente es lo que uno espera). Esta variable es definida por Atkinson como ‘un conocimiento anticipado de las consecuencias que pueden derivarse de una actividad dada’. 

Valor del incentivo: es el valor que otorgamos a la consecución de una meta, y puede ser positivo o negativo. Influye en el valor del incentivo, la complejidad de la tarea; de forma que, cuanto más compleja sea una tarea o alcanzar una meta, menos valor de incentivo tendrá para la persona.

 El modelo de creencias de la salud

El modelo de creencias de la salud es el primer modelo  psicosocial que se crea en el propio campo de aplicación con la finalidad de predecir el comportamiento preventivo de salud.

Como modelo basado en la motivación, se basa en el hecho de que la probabilidad de realizar una conducta de salud depende de las percepciones amenazantes basadas en creencias como lo es, la vulnerabilidad o susceptibilidad percibida a un problema de salud o enfermedad, así como la gravedad y sus consecuencias para la salud.


A modo de síntesis, este modelo se puede explicar desde las siguientes tres premisas básicas.

- La creencia -o percepción- de que un determinado problema es importante o suficientemente grave como para tenerlo en consideración.

- La creencia -o percepción- de que uno es vulnerable o susceptible a ese problema.

- La creencia -o percepción- de que la acción a ejecutar producirá un beneficio con un coste personal aceptable (es decir, mayores beneficios que costes).

¡Con este video puedes aprender más sobre este modelo!



Teoria de la motivacion protectora

En su versión revisada (Rogers, 1983) incluyeron la autoeficacia y las estrategias de afrontamiento. La autoeficacia se refiere a la valoración que hacen las personas respecto a su capacidad para desarrollar la actividad que les permita conseguir una serie de objetivos de salud. En cuanto a las estrategias de afrontamiento, se incluyen las alternativas conductuales o formas de responder ante situaciones de amenaza para la salud. De esta manera, el afrontamiento adaptativo o desadaptativo de la amenaza para la salud se explica en función de la valoración de la amenaza y la valoración del afrontamiento. 

Asimismo, la valoración de la amenaza responde a la percepción de la vulnerabilidad y la gravedad de la amenaza para la salud. Y la valoración del afrontamiento se basa en la eficacia de respuesta, en relación con la expectativa de que puede realizarse una conducta que aleje de la amenaza para la salud, y de la autoeficacia o la medida en que se crea con la capacidad para desarrollar dicha conducta de salud. Ambos procesos forman la intención conductual o motivación para la protección, o, por el contrario, producen una respuesta desadaptativa que no permite evitar la amenaza para la salud. En definitiva, la motivación para realizar la acción de salud aumenta según se reducen los costes de la acción y los aspectos positivos y ventajas de las conductas desadaptativas. 

Trabajos más recientes sobre la conducta de actividad física confirman el valor predictivo de la autoeficacia sobre el resto de los factores, seguida de la eficacia de la respuesta y de la percepción de la gravedad (Plotnikoff, Morriña, Beatona, Papadakisa y Pipe, 2009). Con todo, parece que los efectos de estos factores se mantienen a corto plazo y el efecto de la autoeficacia es el último en perderse. Es de resaltar, de nuevo, la escasa influencia de la vulnerabilidad percibida. 

Los hallazgos que se han obtenido de la aplicación de este modelo son muy relevantes para la intervención psicosocial. La autoeficacia percibida en la realización de conductas de salud se muestra como un factor muy importante, con cierta estabilidad e influencia relativamente duradera, respecto a los otros.

Los modelos motivacionales revisados son los más clásicos entre los utilizados para predecir e intentar promover o cambiar comportamientos en relación con la salud. Sin embargo, como se ha podido observar en sus aplicaciones, muchas veces la relación entre las creencias y las actitudes con la intención y la conducta no es tan coherente.

Te dejamos aquí un video sobre la importancia de la autoeficacia en la salud



Teoría de la acción reforzada 

La teoría de acción razonada fue presentada en 1967 por Fishbein y Ajzen. Es una teoría general de la conducta humana que trata de la relación entre creencias actitudes intenciones y comportamiento, los cuales se encuentran relacionados con la toma de decisiones a nivel conductual.

La formulación básica de la teoría de acción razonada parte del supuesto de que los seres humanos son esencialmente racionales y que esta cualidad les permite hacer uso de la información disponible para el ejercicio de las acciones o conductas en prendidas.

Con esa información intentan realizar o no una determinada conducta social, agregan que la volición de los individuos determina estas conductas sociales. De tal suerte que la intención, voluntad y razonamiento generalmente dirigen la mayoría de las acciones sociales de los individuos. Fishbein y Ajzen no aprueban el punto de vista que afirma que la conducta social es controlada por motivos inconscientes o deseos irresistibles, conductas caprichosas e irreflexivas. 

La teoría de la acción razonada afirma que la intención de una persona para llevar a cabo una conducta es la determinante inmediata de una acción. De esta forma la teoría se relaciona con la predicción y el entendimiento de los factores que llevan a formar y cambiar las intenciones conductuales. 

El modelo propuesto por Fishbein para la predicción de las intenciones afirma que la intención, es una función de dos determinantes básicas: una evaluación personal o actitud hacia la conducta, y, una evaluación social o norma subjetiva (diríamos inter subjetiva). Esto es, los individuos intentan realizar una conducta cuando evalúan esta como positiva y creen que otros, el otro importante generalizado, es decir las personas y los grupos socialmente relevantes para el sujeto, consideran que ellos deben realizarla. (Fishbeiny Ajze,1975)



Teoria de la conducta planificada

La Teoría del Comportamiento Planificado contiene cinco variables, incluidas las actitudes, las normas subjetivas y el control conductual percibido. Estas variables influyen en la intención de realizar la conducta: cuanto mayor sea la intención, más probable es que se realice la conducta.

A diferencia de la Teoría de la Acción Razoanda, la Teoría del Comportamiento Planificado añade el control conductual percibido, también conocido como locus de control (interpretado también como autoeficacia), que se refiere a la percepción que tiene una persona de la presencia o ausencia de los recursos y oportunidades necesarios. Se evalúa qué tan probable es que pueda realizar sus acciones con sus propios recursos, además de factores externos sobre los cuales el sujeto no tiene un control absoluto.


Las intenciones y el comportamiento están determinados por tres determinantes principales, uno de los cuales es individual, el segundo refleja la influencia social y el último se relaciona con cuestiones de control.

Las actitudes hacia la acción se refieren a cómo una persona evalúa ese comportamiento. Si tal actitud es favorable depende de las creencias relevantes sobre el comportamiento particular y las consecuencias de su implementación. Cada una de estas consecuencias conductuales puede calificarse positiva o negativamente. Así, la teoría tiene en cuenta las creencias y expectativas que caracterizan el comportamiento, por un lado, y la valoración que el individuo hace de estas características, por el otro.

Las normas subjetivas, el segundo elemento, capturan la percepción del individuo de qué opiniones de otras personas son importantes para él acerca de si debe realizar el comportamiento. Es una opinión subjetiva, no necesariamente una opinión verdadera, y sirve como guía normativa sobre cómo actuar.

El control conductual percibido es un componente que enfatiza la importancia de la percepción de una persona de qué tan fácil es realizar el comportamiento en las intenciones conductuales.

Las expectativas como la motivación, el rendimiento y los sentimientos de frustración asociadas con el fracaso repetido determinan las consecuencias y las respuestas conductuales. Dentro de este locus de control, las expectativas se dividen en dos formas distintas: autoeficacia y expectativas de resultados. La autoeficacia se define como la creencia de que un individuo puede realizar con éxito los comportamientos necesarios para lograr resultados, mientras que las expectativas de resultados se refieren a la evaluación del individuo de que comportamientos específicos conducirán a resultados específicos.

El comportamiento humano está determinado por tres tipos de consideraciones: creencias conductuales, creencias normativas y creencias de control. Las creencias conductuales en sus respectivos agregados conducen a actitudes favorables o desfavorables hacia la conducta, las creencias normativas conducen a una norma subjetiva y las creencias de control conducen a un control conductual percibido. Las actitudes hacia el comportamiento, las normas subjetivas y el control conductual percibido contribuyen a la formación de intenciones conductuales. En particular, se cree que el control conductual percibido influye no solo directamente en el comportamiento real, sino también indirectamente a través de las intenciones conductuales.

 En general, cuanto más favorables son la actitud y las normas subjetivas de comportamiento, más fuerte es el control percibido sobre el comportamiento y más fuerte la intención de realizar el comportamiento. Finalmente, si se proporciona suficiente control físico sobre el comportamiento, las personas llevarán a cabo sus intenciones cuando se les presente la oportunidad.

Aprende más sobre el locus de contro con este video




Universidad de Guayaquil
Facultad de Ciencias Psicológicas 

Intervención Psicológica en Instituciones de Salud
Psic. Judith Vélez Hidalgo, Mgs

Grupo #6 Celeste

-        Ley Molina Aylin Nereiset

-     Alarcón Carpio Ambar Jamilet

-     Villamar Lozano Lidia Carolina

-     Miranda Arteaga Evelyn Estefanía

-     Chávez Sarmiento Danilo Gabriel

-     Ibarra Flores Nathaly Edith         


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